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COMPROMISO Y ARTE

ALGUNAS REFLEXIONES …

Con frecuencia se oye comentar que ninguna obra de arte (cinematográfica, literaria, plástica...)  cambia ninguna posición en el mundo, simplemente son un testimonio de su  existencia;  que hasta la imagen más horrible de violación de los derechos humanos, pierde su carga dramática al trasladarla a obra artística. L´art pour l´art, o lo que es lo mismo:  el arte sin compromiso es más puro y, por lo tanto, es más arte, el único arte, ya que una obra artística comprometida sería como un panfleto propagandístico.

 En mi opinión, esta creencia es un error muy común en aquellos que se acercan al arte buscando sólo el alimento espiritual, la estética; de aquellos  que no ahondan en la intencionalidad de muchas obras, que no sufren con su autor. Es como admirar solamente lo bien que lo dice, y no lo que dice. A eso se puede llamar superficialidad, pero no sería correcto hacerlo, porque también la belleza es profunda.

Las dos caras que nos ofrecen los poderes, la falsedad social del primer mundo ante los problemas de los países subdesarrollados,  los intereses, no ya encubiertos, sino descubiertos, que provocan las guerras, son cuestionados cada vez más por una parte significativa de la sociedad que se manifiesta en las calles, en los foros, que se opina en diarios y revistas de todo tipo... ¿por qué debemos negar ese compromiso social al arte?. No tiene ningún sentido el negárselo.  

 El arte puede ser una inquietud metafísica,  el arte es una experiencia estética, el arte es la creación de formas o ideas que simbolizan las emociones humanas. Estamos a favor de todo eso, pero la manifestación humana puede ser al mismo tiempo canto sublime y grito de cólera, como nos demostraron o demuestran Walt Whitman, Paul Celan, Arthur Rimbaud,  Ernesto Sábato, Gabriel Celaya, Blas de Otero, o Víctor Montoya con sus escritos;  Goya, Kokoschka o George Grosz con sus lienzos;  Michael Winterbottom, Ken Loach,  Michael Moore, o el director español Javier Corcuera , con su cine comprometido.

 El arte es un refugio de corazones y cada corazón late con su propia música, porque si el compromiso del hombre ni tiene cabida en el arte, la belleza que busca tampoco la tendría, o sea, el arte resultaría una ilusión vacía.

 “El hombre es trascendencia, jamás podrá imaginar un paraíso”  (decía Simone de Beauvoir).  “ El paraíso es el reposo y la trascendencia negada, un estado de cosas ya dado, sin posible superación...  los paraísos inmóviles no pueden prometer más que un eterno aburrimiento”

La belleza como finalidad, sin acción, podría llegar a aburrir.        (M. L. Acosta)

Simón Royo
web: Rebelión

Los artistas postmodernos tienen a quien todavía pinta cuadros por un burgués que realiza obras para decorar las paredes de los biencomidos de su clase, pero ellos son mucho peores, puesto que quienes compran sus instalaciones, sus proyectos y sus happenings, no son ya siquiera particulares; quienes les compran y promocionan son bancos y multinacionales, gobiernos dominantes e industrias imperiales. El artista postmoderno es el creador del capitalismo globalizado. Mientras que el artista moderno tuvo aún una relación humana con la obra y el espectador, el postmoderno se deshumaniza, se vende por completo, se prostituye en su integridad o, lo que es lo mismo, resulta absolutamente absorbido por un sistema que se alimenta de paradojas. El artista postmoderno contra más antisistema se cree más fortalece a esas estructuras que le aplauden, premian y pagan sus ataques. Desaparecido el sujeto impera un sistema que esgrime autocríticas con el objetivo doble de generarse una buena conciencia al tiempo que proclamar su invulnerabilidad, suscitando la falsa sensación de ejercitar la autocrítica.

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