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SEMANARIO   “LIBERACIÓN”   Publicación en lengua española para Europa y América Latina

Malmö, Suecia - Edición de 22-Octubre-2004     www.liberación.press.se

REVISTA DIGITAL “PANORAMA CULTURALArtículo publicado el 18/12/04

www.panoramacultural.net/Suecia    (buscar autor Víctor Montoya)

 

Artículo:  Aproximaciones a la obra pictórica de Manuel L. Acosta (extracto)

 En la extensa obra del artista Manuel L. Acosta hay pinturas que llaman la atención por su plasticidad y poder expresivo. Son cuadros que convocan a la reflexión y a la toma de conciencia. Una doble dimensión humana que convierte al artista en un retratista de su época y en enemigo declarado de las injusticias sociales, la depredación ecológica y las guerras insensatas.

 “Los mineros y el Tío”

Es interesante observar cómo un pintor de origen malagueño puede sentirse seducido por el tema concerniente a los mineros bolivianos, cuyos antepasados fueron los mitayos de la colonia en tierras americanas. Se tratan de imágenes del más puro realismo que, titulados “Y Dios creó al hombre” y “Mineros”, nos transportan en la imaginación hacia los ámbitos telúricos del macizo andino, donde reina no sólo el Tío (deidad, dios y diablo de las minas), sino también la grandiosa y dadivosa Pachamama (Madre-Tierra), quien encierra en sus entrañas las riquezas minerales y, en su condición de divinidad femenina, es la principal fecundadora de la naturaleza.

La pintura de Manuel L. Acosta, inspirada en fotografías captadas en el interior de la mina, es una revelación del trabajo dantesco de los mineros que, por su mente proclive a las supersticiones y el sincretismo religioso entre el paganismo ancestral y el cristianismo occidental, conviven en armonía con sus deidades del bien y del mal, como es el caso del temible y venerado Tío, cuya estatuilla de greda y cuarzo fue captada en plenitud por el fotógrafo suizo Jean Claude Wicky.

Los mineros, retratados con un trasfondo oscuro que contrasta con la luz fosforescente de las lámparas enganchadas en los guardatojos (cascos de protección), destacan con su fortaleza física, casi ciclópea y metálica, sujetando la perforadora en sus manos nudosas y taladrando la roca por encima de sus hombros desnudos debido a las altas temperaturas que se presentan en las galerías más recónditas de la mina.

El artista, acaso sin saberlo, está hermanado con los grandes muralistas bolivianos, como Miguel Alandia Pantoja y Wálter Solón Romero, quienes pintaron de un modo monumental la trágica realidad de los trabajadores del subsuelo, exaltando sus luchas, triunfos y derrotas, no sólo para dejar constancia de que fue una clase social revolucionaria por excelencia, sino también porque los mineros constituyeron la columna vertebral de la economía nacional durante el siglo XX. Fueron ellos quienes arrojaron sus pulmones para enriquecer a las oligarquías y fueron ellos las víctimas de la explotación capitalista.

Extraña mucho que este pintor malagueño, cuya infancia transcurrió en el norte de África, pinte la realidad de los Andes con tanta precisión como pinta las comarcas y los paisajes pirenaicos, los parajes solitarios y las altas montañas, tan duras y áridas como las del altiplano boliviano.

 “Sensibilidad y compromiso”

Manuel L. Acosta, desconcertado ante el misterio de la creación y la vida, nos transmite, con sensualismo y dominio del oficio, manifestaciones visuales que su sensibilidad supo reelaborar en su fuero interno como revelando negativos en una cámara oscura, con matices diversos, donde resalta la mezcla de rojos y azules, claroscuros y contrastes que requieren los objetos atrapados en una magnífica obra de arte

No cabe duda de que estamos frente a un artista cuyas pinturas al óleo son una permanente búsqueda de técnicas que, unas veces retratando escenas de la vida real casi con precisión fotográfica y otras veces experimentando con técnicas surrealistas y abstractas...

No es menos ponderable su actitud humanista, principio y fin de su credo pictórico. Se declara artista comprometido con su realidad y su tiempo, no en vano sus cuadros reflejan una clara preocupación social y existencial; una ideología que, identificada con los desposeídos y maltratados, queda plasmada en gran parte de su obra. Es cuestión de contemplar esa serie de pinturas dedicadas a la represión política, la tortura y el crimen institucionalizado por los sistemas de poder, que todavía están latentes en el pozo oscuro de la memoria colectiva de un continente que se desangró durante las dictaduras militares, cuyos atropellos de lesa humanidad sembraron el pánico y el terror.

Manuel L. Acosta es un caso singular en este contexto, puesto que, a diferencia de los pintores comerciales que ejercen el arte por el arte, ha puesto su sensibilidad y talento al servicio de una causa justa. No en vano sus pinturas de denuncia social, que abordan los temas de la represión política, la tortura y el crimen, son gritos lacerantes de protesta y lo ubican entre los pintores que decidieron apostar por un modelo de sociedad más equitativo que el que ofrece el despiadado sistema imperante.

 Víctor Montoya (escritor boliviano)

Crítica de Rosa Sontag

sobre la obra “Atado”   -   Enero 2003

 Manuel L. Acosta es un pintor comprometido, un artista de su tiempo, que nos obsequia con las más profundas reflexiones y críticas actuales. La obra que aquí tratamos "Atado", se nos presenta como la figura deformada de un hombre, atado, sin fuerza, rendido ante su destino, que no es otro que la muerte. La figura aparece tendida sobre una superficie que podría ser madera, con las extremidades encadenadas y en mal estado. Todo su cuerpo tiene una expresión cadavérica, que nos refiere a la muerte, signos de esta misma  muerte son la inactividad de la persona, la ausencia de ojos y boca, incluso los pulmones carecen de oxígeno en su interior, dejando desnudas débiles costillas. Nos encontramos ante un cuerpo, que si no está muerto, le falta poco. Lo que aun apreciamos, son los restos de lo que fue, un hombre joven, con una poderosa musculatura, que a causa de las cadenas y el tiempo pierde toda fortaleza convirtiéndose en piel y huesos. Entre otras referencias como podría ser un asesinato martirizado o la misma pasión de Jesús (la madera sobre la que está podría ser una cruz), esta pintura nos evoca una cuestión metafísica: aparece el poder de la muerte en su vertiente más contradictoria, pues no se trata de una muerte natural sino forzada, una muerte producto del esclavismo, del encadenamiento progresivo, sobre un ser que ha sido atado porque ese era su destino, nos estamos refiriendo a la cuestión del alma, y al encadenamiento que sufre desde su mismo nacimiento, un arraigo a un cuerpo que no hace sino que limitarla. Ésta es y será nuestra tragedia humana." La corporeidad es límite del espíritu, y no sólo hace que el ser humano tenga que estar sometido al proceso del desarrollo en el tiempo y en el espacio, sino que también a las necesidades, a las enfermedades, al desgaste, al mal y a la muerte. Éste es el límite mayor que tiene la condición humana por razón de su corporeidad" Santo Tomás de Aquino. 

Rosa Sontag – crítico de arte.

ALGUNAS CRITICAS  Y REFLEXIONES...

Entrevista a M. L. Acosta  – Revista Digital RedAragón   28.03.03

 - Cuéntame tu método de trabajo: ¿es la obra la que te conduce?

Suelo partir de un boceto.

 - Buscas inspiración en la naturaleza y la vida cotidiana como hace un fotógrafo ¿por qué?

Vivimos en una época donde la imagen tiene una fuerza de comunicación enorme. Es injusto, pero podría decirse que lo que no sale en imágenes, no existe. Conocemos la guerra de Irak por las imágenes que recibimos, nos manifestamos contra esa guerra, pero nadie se manifiesta por los conflictos de Etiopía o África Central, sencillamente porque apenas llegan imágenes.

- Me llama la atención que siendo malagueño y habiendo vivido en Marruecos, paisajes más "duros" que tradicionalmente se han utilizado para expresar tu tipo de temas, tú te sirves a veces del paisaje pirenaico, en teoría más vital y optimista... 

Cuando a los doce años y con un salto espectacular, pasé del norte de África al Valle de Chistau, en Huesca, la impresión fue muy grande. Me atraen los parajes solitarios de la alta montaña. Pienso que en el llano somos sociedad, muchedumbre, pero la alta montaña te hace sentir como un desconcertado individuo ante el misterio de la creación y la vida. En el cuadro “La vaca muerta” intento transmitir algo de eso.

- Parece que evitas los colores básicos. Al mismo utilizas mucho el negro, que crea por contraste figuras fantasmales y colores casi fluorescentes.

Es cierto, normalmente trabajo los colores y busco matices. Utilizo el claroscuro con frecuencia.

- Tú obra tiene una clara preocupación existencial y social ¿el artista debe ser comprometido? ¿disfrutas como espectador de un arte más lúdico? 

El arte debe comprometerse con los problemas sociales. Si el arte se limita a una expresión estética o decorativa, se infravalora como expresión humana. Por supuesto que disfruto con un arte más lúdico. Cada cosa tiene su momento.

- El utilizar imágenes tan poderosas y temas específicos ¿no le deja poco espacio al observador? 

Creo que no. La función de esas obras comienza en el momento que hacen reflexionar al observador.

 - Esta claro que confías en el poder del arte como medio de expresión ¿ha quedado el arte para una minoría? ¿te preocupa el alejamiento del gran público? 

 La pintura y el arte abstracto en particular pueden estar en una encrucijada. En el momento que se premia el arte abstracto como contemporáneo, el gran público se aleja de ese arte por incomprensible y se refugia en otras manifestaciones más explícitas, como puede ser el cine

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